miércoles, 3 de febrero de 2016

EL ARBOL

 
                                                                          EL ARBOL

                             Cada mañana despierta y a primera hora del día, dichoso, está alerta.

Siendo apenas sensitivo, sin apuro, sin reloj, puede ver el amanecer.

Y continuar allí su observación.

En su larga y tranquila vida no necesita ropaje,

Ya que sus ramas y hojas verdes le sirven de traje.

Se estremece y acaricia con el susurro del viento.

Se acuna con el suave trinar de las aves, ese armonioso canto lo mece,

Y si voz tuviera, con ellos cantaría.

Soporta todo, y si atención le falta, de quejas no sabe nada, sigue su vida igual.

Disfruta sin temores, no sabe de reclamos ni reproches,

Solo acepta su naturaleza, su vida de árbol  arraigado a la tierra.

De ella, y del agua se alimenta, y crecerá mejor si recibe atención.

Sufre y se estremece en silencio al llegar el otoño e invierno,

Perdiendo elegancia continúa robusto y fuerte.

Es su renacer con la primavera y verano,

Regresa su traje y las aves hacen nuevos nidos, todo vuelve a la normalidad.

Dichoso el árbol que puede saber y sentir de la vida la simpleza.


           graciela béguelin  03 de marzo de 2014

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