EL ARBOL
Cada mañana despierta y a primera hora del día, dichoso, está alerta.
Siendo apenas sensitivo, sin apuro, sin reloj, puede ver el amanecer.
Y continuar allí su observación.
En su larga y tranquila vida no necesita ropaje,
Ya que sus ramas y hojas verdes le sirven de traje.
Se estremece y acaricia con el susurro del viento.
Se acuna con el suave trinar de las aves, ese armonioso canto lo mece,
Y si voz tuviera, con ellos cantaría.
Soporta todo, y si atención le falta, de quejas no sabe nada, sigue su vida igual.
Disfruta sin temores, no sabe de reclamos ni reproches,
Solo acepta su naturaleza, su vida de árbol arraigado a la tierra.
De ella, y del agua se alimenta, y crecerá mejor si recibe atención.
Sufre y se estremece en silencio al llegar el otoño e invierno,
Perdiendo elegancia continúa robusto y fuerte.
Es su renacer con la primavera y verano,
Regresa su traje y las aves hacen nuevos nidos, todo vuelve a la normalidad.
Dichoso el árbol que puede saber y sentir de la vida la simpleza.
graciela béguelin 03 de marzo de 2014
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