viernes, 26 de febrero de 2016
DÍA DE TORMENTA
DIA DE TORMENTA
Sin saber que proyecto tenía el día, fuimos pasando de un esplendido sol, hasta que se dejaron ver negras nubes, aunque debajo de ellas corrían a gran velocidad las blancas, escapando como aterrorizadas, todo comenzaba a sonar como el preludio de una fuerte sinfonía. Con desprolijidad, y en esas altura, cruzaban el cielo bandadas de pájaros huyendo de la tan próxima tormenta.
El día soleado se fue opacando hasta convertirse en un cruel y desapacible tiempo. Grandes ráfagas de viento hacían mover todo a su ritmo, las aguas del río estaban pasando un mal momento, su corriente hacia el sur se tornaba en grandes remolinos, no tenia dirección.
Llegó la tormenta acompañada por descargas eléctricas y baja sensación térmica maximizando el viento. Son fenómenos meteorológicos mas fortuitos que regulares.
Impresionante fue ver como se desplazaban las nubes, a una velocidad increíble, y en severos colores se fueron transformando. Observé como la lluvia torrencial y el viento castigaba la costa.
Polvo, hojas secas y residuos de todas clases se adueñaron del ambiente, y protegiéndome de estas inclemencias, observo como transcurre todo desde la cochera con gran vista al río.
Un fuerte aguacero con mezcla de viento, rayos, y truenos, azotaban la costa, los árboles trataban de resistirse, pero sus hojas de desprenden y vuelan como aves desesperadas. Toda imagen despareció tras la pared de agua que el cielo cuarteado de relámpagos volcó sobre ellas. Veía como el agua de los cielos lavaba la suciedad y polvo de este mundo.
En esta caprichosa tormenta comienza la caída de brillos de un granizo que cayendo con fuerza hace sonar su choque contra el pavimento.
Un oscuro manto fue cubriendo los espacios, parecía de noche. Y las luces de los relámpagos mostraba como el viento desprendía gajos de los árboles perdiéndose en la oscuridad. Sólo a intervalos se podía ver como los refusilos producían expectantes reflejos en el agua.
Mi fantasía comenzó a crecer, y el agua que golpeaba mi vidriera, me dejó imaginar que detrás de la vereda todo terminaba en un oscuro barranco, tan tenebroso como temeroso.
Lentamente comenzó a disminuir la tempestad, haciéndose menos fuerte, comenzaron a apagarse los aullidos del viento, hasta que finalmente se amansó, dando lugar a una lluvia tranquila. Se trata de un descanso de todos los movimientos y sacudidas. Las aguas del río se tornaron turbias, oscuras, cansadas.
Por muy larga que sea la tormenta, al amanecer el sol vuelve a brillar. Mucho nos preocupan las inclemencias, pero hasta la más violenta tiene su fin.
Al igual que yo, la naturaleza observa, luego cuenta, porque lleva en su memoria recuerdos trágicos resultados de tormentas anteriores.
Llega un nuevo amanecer, y retornamos a la vida tranquila, ya sin vientos ni lluvias, y recuperando el sol que borra todo vestigio de humedad.
graciela béguelin
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