SUEÑOS Y AVENTURAS
Fantasía sobre la realidad
Observo la superficie del agua, dibuja y desdibuja imágenes cerca de donde estoy, imagino la escena.
El río entra en contacto conmigo, lo siento mi amigo, y aún siendo seres de diferentes realidades, recibo sensaciones de paz, reposo y tranquilidad.
Su ser me permite acercamiento con su suelo que lo contiene, con el ser del sol, con mi ser. Sus reflejos en el agua penetran en mis ojos.
Escucho el sonido de su correr, su transitar arremolinado. Cierro lo ojos, me concentro, me llega su murmullo. Se transforma en música con su partitura secreta, con la pureza de los sonidos de la naturaleza se transforma en un paisaje sonoro.
Abro mis ojos y lo observo, veo su superficie, sus movimientos cuando pasa junto a mí. Me siento etérea y silenciosa como en una fantasía.
En su centro, en el medio de su anchura, veo la corriente fuerte, pesada, segura, la que se desliza a la costa retrasando y suavizando sus agua, libando las orillas.
Pasa observando nuestro mundo sin prejuicios. Tiene un camino decidido, una meta trazada, llegar a unirse con la amplitud de otras corrientes, llevando tanta información escondida.
En silencio le pregunto que experiencias, que misterios va llevando... gozando y sufriendo cosas que podría contar si tuviera voz.
Sin importarle cuantas inclemencias del tiempo puede soportar, siempre está presente con su imponente magnitud, y me atrevo a pedirle que me enseñe sus secretos de vida.
Recojo sus mensajes, despierto de mi sueño sin estar dormida, sigo mi vida, y él...
sigue su trayecto de aventuras.
graciela hurí béguelin
lunes, 27 de junio de 2016
domingo, 26 de junio de 2016
EL HOMBRE GRIS
EL HOMBRE GRIS
Relato sobre el hombre que supo cambiar de actitud.
El hombre gris, porque su ánimo así lo califica, pasó una larga vida, no entiende como ha transcurrido hasta aquí, con la dedicación extrema, hasta el cansancio, llegando al estado de deseo de seguir ahí, mirando la nada, con una mancha blanca en el cerebro, un gran vacío.
Tendido en el lecho, visualizando con los párpados plegados, la llegada de la claridad. Una corriente de recuerdos cálidos y violentos a la vez lo invadió, lo hirió.
Esas imágenes desparecieron como el vaho del espejo al frotarlo. Echado de bruces en la cama, tan revuelta como los sueños que ha tenido,el espejo del armario le devolvió su rostro, desteñido como su habitación, deslucido como sus muebles.
Es el despertar de un largo sueño, donde se veía caminando en un largo camino, se cerraban a su paso las grandes ramas de los árboles, como un cerrado laberinto. Las luces se apagaban y todo se volvía gris, y el tomar conciencia lo identificaba con su vida sin matices, de color ajado y opaco.
Se incorpora lentamente, estira sus miembros, mueve su pesada cabeza, y llega a sus oídos una confusa mezcla de raros sonidos.
Es Invierno, afuera el viento mueve el ramaje de las plantas, su roce produce un suave murmullo.
El hombre gris piensa en el árbol, arraigado siempre a la tierra, su tronco tieso siempre en el mismo lugar, y se siente identificado, como aferrado a su habitación.
Lo atrapa la incertidumbre que continúa, la ansiedad de saber qué quiere ser, las ideas con trampas de un futuro incierto.
La soledad le hace sentir una lasitud que ablanda su cuerpo, ya despertó del sueño. Solo queda programar una lógica social, salir de la ostrasidad de sus cotidianos momentos y pronto la oquedad toma forma de profundo silencio .
Su capacidad de pensar en un excelente retrato, el recuerdo de un día de esplendor lo lleva a medir que resistencia física puede tener, dejar atrás el abandono y no quedar tendido esperando la graduación de la vida, sólo remitirse a saber como proceder a partir de este momento.
Pero si aquí está, por algo es. Deberá sacudir su ser en el olvido para despertar, entender que debe cumplir alguna misión, ganar espacios perdidos y ya no ser aquel hombre gris, salir nuevamente a la luz, a la vida bien vivida.
graciela hurí béguelin
Relato sobre el hombre que supo cambiar de actitud.
El hombre gris, porque su ánimo así lo califica, pasó una larga vida, no entiende como ha transcurrido hasta aquí, con la dedicación extrema, hasta el cansancio, llegando al estado de deseo de seguir ahí, mirando la nada, con una mancha blanca en el cerebro, un gran vacío.
Tendido en el lecho, visualizando con los párpados plegados, la llegada de la claridad. Una corriente de recuerdos cálidos y violentos a la vez lo invadió, lo hirió.
Esas imágenes desparecieron como el vaho del espejo al frotarlo. Echado de bruces en la cama, tan revuelta como los sueños que ha tenido,el espejo del armario le devolvió su rostro, desteñido como su habitación, deslucido como sus muebles.
Es el despertar de un largo sueño, donde se veía caminando en un largo camino, se cerraban a su paso las grandes ramas de los árboles, como un cerrado laberinto. Las luces se apagaban y todo se volvía gris, y el tomar conciencia lo identificaba con su vida sin matices, de color ajado y opaco.
Se incorpora lentamente, estira sus miembros, mueve su pesada cabeza, y llega a sus oídos una confusa mezcla de raros sonidos.
Es Invierno, afuera el viento mueve el ramaje de las plantas, su roce produce un suave murmullo.
El hombre gris piensa en el árbol, arraigado siempre a la tierra, su tronco tieso siempre en el mismo lugar, y se siente identificado, como aferrado a su habitación.
Lo atrapa la incertidumbre que continúa, la ansiedad de saber qué quiere ser, las ideas con trampas de un futuro incierto.
La soledad le hace sentir una lasitud que ablanda su cuerpo, ya despertó del sueño. Solo queda programar una lógica social, salir de la ostrasidad de sus cotidianos momentos y pronto la oquedad toma forma de profundo silencio .
Su capacidad de pensar en un excelente retrato, el recuerdo de un día de esplendor lo lleva a medir que resistencia física puede tener, dejar atrás el abandono y no quedar tendido esperando la graduación de la vida, sólo remitirse a saber como proceder a partir de este momento.
Pero si aquí está, por algo es. Deberá sacudir su ser en el olvido para despertar, entender que debe cumplir alguna misión, ganar espacios perdidos y ya no ser aquel hombre gris, salir nuevamente a la luz, a la vida bien vivida.
graciela hurí béguelin
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