domingo, 22 de mayo de 2016
EL CUARTO DESOCUPADO
EL CUARTO DESOCUPADO relato
Su antigua moradora, una estudiante de medicina, dejó sus marcas gravadas en los muros además de sus libros y apuntes de de toda una carrera universitaria.
Desde abajo, recorriendo hacia arriba la escalera, imaginemos donde llega, a la puerta de entrada al cuarto desocupado que parece cobrar vida cuando el viento de la costa hace vibrar las ventanas y sacudir la puerta cerrada.
En las noches de silencio, desde la habitación abandonada se escuchan murmullos como letanía de aquellas lecturas en voz baja para memorizar los contenidos.
A través de la puerta cerrada pasan sonidos como chasquidos en la penumbra, producido por la repetida acción del giro de las hojas movidas con los dedos, aislados crujidos de una bombilla aspirando el resto de líquido del mate compañero estimulando ese estado de cansancio.
De pronto aumentan los rumores, todo se sacude en las estanterías y biblioteca, un misterioso polvo de eleva, ruidos más intensos, ...se deslizan destellos por debajo de la puerta,... ritmo intermitente desconocido,...lo inerte cobra vida.
Se abren los libros, se despliegan láminas, caen hojas de los abultados apuntes, dejando escapar esas figuras que cobran movimientos. Son huesos unidos en esqueleto, son diversos órganos que deambulan, metros y más metros de venas y arterias que en su huida se estrellan contra el vidrio de la ventana. Fueron años de encierro en esos estantes.
Son seres etéreos que tomaron forma en la oscuridad, y en el afán de escapar antes que salga el sol, se agolpan desesperados estrellándose en los estantes. Al volver la claridad todo se normalizará.
Vuelve la quietud y el silencio en el cuarto desocupado, los libros, láminas y hojas de apuntes vuelva a su lugar con su capa de polvillo que el tiempo y el abandono dejó acumular.
graciela béguelin
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